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San Salvador: ¿un hub de tecnología?

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Herman Duarte

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Los avances en tecnología están llevando a nuestra civilización a áreas inexploradas. Entrar en esta discusión puede ser abrumador por la jerga técnica, las narrativas estilo ciencia ficción o la complejidad que conllevan los cambios en las áreas que impacta. Algunas de ellas son: exploración espacial, finanzas, seguros, fabricación, educación, logística, transporte, energía, atención médica, ciencias de la vida, agricultura, análisis del habla, biometría, semántica, privacidad, vigilancia, comunicaciones, investigación legal, guerra, entre otras.

Este impacto, según explica el Dr. Yuval Harari en "21 lecciones del Siglo 21", podría tener como consecuencia la expulsión de millones de humanos del mercado laboral, abriendo paso a una nueva clase social: la irrelevante. No es una predicción subestimada, ya que esos cambios se expresan en informes sólidos, como el del Berkman Klein Center (2018) o el producido por la International Bar Association (2017), sobre los cambios y predicciones en los mercados e industria.

La percepción del cambio tecnológico se agudiza aún más, tras revisar sus aplicaciones por operadores estatales. No me refiero a los usos de datos biométricos que vemos en los aeropuertos de primer mundo que facilitan el tráfico migratorio, sino en creaciones propias de la mente de George Orwell, como el "Sistema de Crédito Social" implementado en China. Dicha creación del partido comunista/capitalista (y ahora tecnológico) consiste en un sistema de puntuación en tiempo real –similar al de Uber– que califica las acciones de sus ciudadanos (tomar alcohol, resta puntos; mientras que ceder un asienta, suma), gracias a los millones de cámaras que han sido instalados en el país. Tener mala puntuación implica no poder usar servicios públicos o entrar a algunos lugares.

Las empresas también ponen su parte. Solo en el año 2018, a nivel de Estados Unidos de América, se invirtieron más de $9.3 mil millones en empresas dedicadas al desarrollo de nuevas tecnologías en los campos de inteligencia artificial, infotecnología y biotecnología (Greenman, 2019). Asimismo, según un reporte del alcalde de Londres, para el año 2018, ya contaban con más de 600 empresas de dichos rubros. Un ejemplo interesante lo encontramos con Neuralink, que actualmente está desarrollando implantes cerebrales, o Calico, que trabaja para encontrar formas de superar el envejecimiento y lograr la longevidad. O qué decir de Alcor Life Extension Foundation o Cryonics Institute, ambos proveedores de criopreservación para humanos. La criónica es un proceso en el que los órganos internos de un cadáver se cristalizan, para evitar la descomposición natural durante el tiempo que sea necesario, ya que su objetivo es volver a la vida una vez que la tecnología lo permita (es aún más impactante saber que es algo que se hace desde 1988).

¿San Salvador podría entrar en estas ligas? Sí, sin duda alguna. Applaudo Estudios y WaterBear Ventures son ejemplos del talento, capacidades y potencial que ya tenemos en dicho rubro. Estoy seguro de que hay más empresas como estas. No es descabellado esperar que personas visionarias (como las que se unieron para fundar las universidades privadas del país e instituciones técnicas como el ITCA) empiecen a desarrollar programas enfocados en habilidades de programación para crear el recurso humano necesario para volvernos un hub tecnológico del mundo. Paralelamente, debemos preguntar si los marcos normativos vigentes (que datan del siglo pasado y antepasado) están preparados para hacer frente a esta nueva realidad, que viene equipado con superhumanos, cyborgs y computadoras con inteligencia artificial.

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